Me cansé, y ese día decidí enfrentármele y le dije:
Anda, ¡descúbrete! Muéstrame tu rosto pues no sé contra quién estoy luchando. Ni siquiera puedo esquivar tus golpes que tanto me lastiman, porque no puedo ver tus manos. ¡Eres cobarde! Pues huyes cuando estoy fuerte y apareces cuando me vez débil. Pero dime, ¿por qué te empeñas en separar dos corazones? Dime ya ¿quién eres? ¡Descúbrete!
Anda, ¡descúbrete! Muéstrame tu rosto pues no sé contra quién estoy luchando. Ni siquiera puedo esquivar tus golpes que tanto me lastiman, porque no puedo ver tus manos. ¡Eres cobarde! Pues huyes cuando estoy fuerte y apareces cuando me vez débil. Pero dime, ¿por qué te empeñas en separar dos corazones? Dime ya ¿quién eres? ¡Descúbrete!
Y entonces supe, su nombre es…
distancia.
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